
Cuando queda algo sin decir, aunque pasen 20 años, ese "algo" está allí, en alguna parte de nosotros, a la espera de su oportunidad para salir de las sombras.
Cuando se separaron solo había espacio para el dolor.
Ella siempre pensó que si se lo encontraba alguna vez le diría que lo volvería a elegir. No hoy, ni ahora, ni mañana. Lo volvería a elegir para esa mujer que fue hace 20 años.
Ella es muy feliz en el presente. Puede ver y entender como su encuentro con él representa un peldaño importante en la construcción de la mujer que hoy es: lo que le dió, lo que recibió, lo que se dieron. Y eso parecía ser suficiente.
Sin embargo, a lo largo del tiempo, una y otra vez, ese "algo" expresó su voluntad de ser, a veces con fuerza, otras... apenas audible, y las más de las veces, mudo en un rincón del alma. Esperando. Su mente la reconfortaba rotulando esa emoción de múltiples formas, todas insuficientes, sin cuerpo firme para sostenerlas.
Hace muy poco lo buscó en una de esas redes sociales de moda. Nada. Transcurría tranquila. Su "algo" era un deseo cálido. No había urgencias.
Una noche, navegando en busca de material para un trabajo su "algo" le susurró al oído y con un rápido movimiento y un click, sin pensar, apareció de la nada. Ahí estaba él. Con foto actualizada y todo. 20 años es mucho tiempo! Cuanta vida vivida!
Y asi...viéndolo en su hoy, su "algo" encontró una nueva dimensión: si se expresaba, a quién le hablaría? a ese hombre de más de 40 en la pantalla? ese era el receptor de su mensaje?
De repente, su "algo" se vació de palabras. Se llenó de silencio. Y dibujó en su corazón una sonrisa. Al ver su foto supo que él era feliz. Y eso era suficiente.
Su "algo" transmutó, adquirió la forma que siempre tuvo en esencia, solo que ella no lo había podido percibir con claridad a pesar de su simpleza. Y se hizo la luz.
Y su "algo" se manifestó como agradecimiento sentido, profundo, vivido.
La vida, Dios y el destino habían sido bueno con ambos.
Y asi estaba bien.
Y por casa, como andamos?