viernes, 4 de septiembre de 2009

El síndrome de La Bella Durmiente


La Bella Durmiente fue el único cuento que recuerdo me gustó de chica.
Eso de ser “la buena” que anda entre las cenizas sin rebelarse como Cenicienta me pareció siempre mediocre. Tampoco me cerraba eso de andar por el bosque como si nada pasara y vivir con enanos…
Pero La Bella Durmiente tenía un no se que de nobleza. La habían condenado al nacer por algo que no había hecho y encima, no lo sabía. Qué podía hacer? Eso me decía yo…
Hoy me pregunto a cuantas nenas se les quedó en el cerebro la idea que, para ser princesa, no hay que hacer nada.
Pensemos juntos las implicancias del relato:
- La Bella Durmiente vive en un mundo de mentiras: nadie le dice que no debe usar una rueca porque si no muere. O sea han decidido por ella y no lo sabe.
- Cuando se pincha el dedo otra Hada arregla las cosas y en lugar de morir, duerme. Nada menos que 100 años! Parece que para tener una oportunidad hay que esperar mucho tiempo.
- Lo único seguro es que si El Príncipe no hace TODO lo que tiene que hacer, no la va a salvar.
O sea que:
1. “La Bella Durmiente” vive a expensas de lo que otros le dan.
2. Puede “Ser” a partir de los otros: el sentido de ser durmiente es para que El Príncipe tenga algo que salvar.
3. Ella no tiene que poner nada: la vida se consigue por lo que el Príncipe debe lograr y asi la felicidad es automática.
Qué dramático para el pobre Príncipe. No será mucho pedir?
Hoy conozco muchas mujeres maduras que manejaron sus relaciones como La Bella Durmiente. Solo que sin final feliz.
Notaron que la llamaron: “La BELLA Durmiente”? No es “La Princesa Durmiente”, “La Joven Durmiente”, “La Mujer Durmiente”, no. Es la BELLA.
Será por eso que ALGUNOS ELLOS se mataban por conseguir "la BELLA" y a “las otras” las tenían de amigas?
Mis queridos, a cada uno su parte.

martes, 1 de septiembre de 2009

algunas cosas todavía te sorprenden?


Hace unos días recibí un halago masculino que hacía mucho tiempo no recibía. Lindo.
Lo había escuchado otras veces? Si. Pero eso no era lo importante.

En mi época de estudiante trabajaba en la facultad en un proyecto de investigación. Mi tutor de entonces, un día, me dijo algo muy valioso que siempre recuerdo: "Nunca pierdas la capacidad de asombro. Aunque lo que percibas ya te resulte conocido."
Con más años aprendí que, a la manzana madura solo le espera la descomposición. Reconocer en cada uno de nosotros, una parte verde, es mantenernos unidos al árbol de la vida.

De manera que el asombro funciona en mi como un ejercicio que abre mi mente a experimentar y a creer que siempre hay algo más que descubrir y aprender. A veces puedo parecer naif, pero lo prefiero.

Según la definición de la palabra asombro: “El asombro es el sentimiento provocado por la aparición de algo nuevo o inesperado.”
Yo creo que el ejercicio de asombro debe estar presente aunque lo percibido nos resulte conocido.

Si lo que nos pasa es bueno y nuevo, es una buena forma de guardar esa experiencia en la mochila de recursos.

Y si es bueno y conocido, nos sirve para estar agradecidos y reafirmar que la vida es buena con nosotros.

Si lo que nos sucede está mal, aunque sea “un mal conocido”, el asombro nos ayuda a prestar atención para posibles caminos de resolución. Un problema, si es problema, tiene siempre una solución.

Y si no tiene solución, el camino de la aceptación es una vía hacia la paz del alma.

Y atención que dije aceptación. Resignarse es otra cosa.

Aquí estoy, en uno de los tantos caminos, en el tao de mi, que comparto contigo.